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UNA MUJER DE NUESTRO TIEMPOEn el 2005 se cumplió el 150 aniversario del nacimiento de las Misioneras Claretianas. El 27 de agosto de 2005, se cumplirá el 150 aniversario de la fundación de la Congregación Religiosa de “Misioneras de María Inmaculada” la orden a la que pertenecen las religiosas del “Mater”, por parte de M. Antonia París. Es por tanto un momento privilegiado para pararnos en la figura de esta gran mujer, cuyas virtudes heroicas han sido reconocidas por la Santa Iglesia Católica, que la considera Venerable.
Una mujer que se adelantó a su tiempoMaría Antonia París, a pesar de haber vivido en el siglo XIX, nos resulta una mujer moderna, alguien que, con una gran visión de futuro, se adelantó a su tiempo y por encima de todo fue una persona convencida hasta el límite de la importancia y el valor de la mujer.
Vivió tiempos difíciles para la IglesiaLa vida de M. Antonia París transcurre entre 1813 y 1885, es decir a lo largo de unos años fundamentales para la moderna historia de España. Y no fueron tiempos fáciles. El Antiguo Régimen se resquebraja, son tiempos de crisis en la realidad tanto socio-política como socio-cultural o religiosa. Como fruto de la Ilustración del siglo XVIII, la sociedad contesta a una situación generalizada en la Iglesia. La religión era vista por muchos como una sumisión a los poderes unidos de la Iglesia y el Estado . Dentro de la misma Iglesia existía un clericalismo excesivo, que había acabado en un excesivo afán de dominio. Oficialmente la Iglesia transmitía poder y riqueza, daba la impresión de que estaba poco atenta a los signos de los tiempos y no se daba cuenta de que las ideas de “libertad, igualdad, fraternidad” que proclamaba la Revolución francesa son precisamente las que están en la base del Evangelio, las que hacen que un hombre sea cristiano, LIBRE por el Amor de Dios, todos IGUALES, hijos del mismo Padre y en consecuencia HERMANOS.
En Cuba realizó una importante labor.El 26 de Mayo de 1852, María Antonia París llega a Cuba llamada por el padre Claret que ya llevaba un año en la isla como obispo de Santiago. Los dos estaban convencidos de que la reforma de la Iglesia habría de llegar por medio de hombres y mujeres entregados al evangelio y a la caridad en favor de los necesitados. M. Antonia París concretiza este convencimiento en “fundar una Orden nueva en la práctica, anunciar el Evangelio a toda criatura y trabajar en la renovación de la Iglesia, cimentada en la pobreza”. En Cuba urgían muchas cosas, entre ellas la educación y especialmente de la mujer. M. Antonia concibe la educación como el medio para la evangelización de la mujer que, finalmente, facilitará el camino de la fe y práctica cristiana en la familia y en la sociedad.
La pedagogía de M. Antonia París sorprende por su actualidadNo podemos olvidar que estamos en el siglo XIX, pero ya entonces, en diferentes capítulos de las Constituciones de fundación de la orden, aparecen algunas afirmaciones que nos revelan el carácter adelantado de esta mujer. Hablando de las relaciones entre padres y profesores, propone “verse con la madre o persona que tenga al cuidado dicha niña, informarse y preguntarle...” Consciente de la diversidad del alumnado (algo en lo que también hoy insiste la LOCE), M. Antonia París nos dice que “se les enseñará a trabajar toda clase de labores, a leer y escribir, cuentas y gramática y todo aquello que pide una buena educación para hacer útil y cabal una doncella en su familia, según la calidad, disposición y talante. de cada una.” Nos habla también de premiar a las niñas “según fuere su aplicación...a fin de estimularlas ...y tenerlas a todas contentas.” Los responsables del buen funcionamiento del Centro tienen la ”obligación rigurosa de vigilar, con celo, caridad y prudencia y dar buen ejemplo, sin perdonar trabajo, fatiga ni cansancio, siempre con caridad, humildad y mansedumbre”. A las maestras les dice que ”deben procurar con todo esmero ganar el corazón de sus discípulas" y que "su buen modo, caridad, circunspección, mansedumbre, dulzura afabilidad, prudencia, gravedad y modestia, sean las primeras lecciones que sus discípulas deben leer en la persona de sus maestras”, pero “ si no ha cumplido con su obligación, no las pasen sin penitencia,...pero siempre regulada y condimentada con la prudencia y el buen modo”. Y por supuesto que habla de las relaciones entre las niñas: “todas las niñas han de tratarse con respeto, cariño y sumisión, hablándose siempre unas a otras con tono humilde, sin dar ninguna señal de superioridad”. Todos podemos aprender algo de M. Antonia ParísPara la Misionera Claretiana la misión educativa es una dimensión de la evangelización, es un medio para la renovación de la Iglesia y de la sociedad, es un medio de promoción integral del Hombre. Ojalá hoy día, ya en el siglo XXI, todos aquellos que formamos parte de la gran familia claretiana, religiosos y religiosas, padres, alumnos, docentes y no docentes, vayamos conociendo más a M. Antonia París, sus ideas vayan calando poco a poco en todos nosotros y seamos cada vez mejor reflejo de aquello que ella pensó.
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